Cuentos de Dinosaurios. 3- “Hugo y Sauri río abajo”.

El Tiranosaurio-Rex atravesaba la selva a toda velocidad, la potencia de su cuerpo le permitía avanzar en línea recta llevándose por delante todo aquello que se interponía en su camino. Pero aún así, la corriente del río aumentaba su velocidad y no lograba alcanzar la balsa de nuestros dos amigos. Mientras tanto, Hugo y Sauri continuaban su plácido viaje fluvial ajenos al alboroto ocasionado por la frenética carrera del Rex.

– Hugo, ¿Porqué se marchó tu manada de su territorio?- Preguntó Sauri al tiempo que agitaba el agua con sus patas delanteras.

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¿Quieres que te explique la historia? Bien, pues te explicaré el porqué de la decisión de marcharnos del que hasta hace una semana fue nuestro hogar. El hogar de la manada de Braquiosaurios más grande que jamás hayas visto. El valle en el que vivíamos era precioso y muy fértil. La vegetación cubría hasta más allá de dónde te alcanzaba la vista y podías encontrar los árboles con las hojas más suculentas. Nuestro asentamiento estaba justo al lado de un manantial de aguas cristalinas. Vivíamos en un auténtico paraíso. El lugar en el que todo dinosaurio herbívoro querría vivir. Pero, un buen día, la suerte cambió para nosotros. Recuerdo que era de noche cuando noté que la tierra temblaba bajo mis patas. El movimiento cada vez era más fuerte y justo en el lugar en el que se encontraba nuestro precioso manantial, se abrió un cráter y comenzó a salir lava ardiente. El susto que nos llevamos fue monumental. A partir de ese momento todo empeoró para nosotros. El valle poco a poco perdió su verdor y su vida. El manantial se secó, la hierba se quemó al paso de la lava del volcán y los árboles desaparecieron. Con ellos desaparecieron las verdes hojas, la base de nuestra alimentación. El hambre, amiga mía, el hambre fue el principal motivo de nuestro éxodo. Pero si he de ser sincero contigo, yo ya no quería vivir en aquel lugar. Quiero vivir aventuras y conocer a muchos más dinosaurios como tú!

Con su cola Hugo golpeó el agua frente a Sauri y la empapó por completo. De la primera espina de su cabeza hasta la última de su cola. Enterita.

– Hugo !!!- Gritó Sauri riéndose y devolviendo la ducha fría al Braquiosaurio del mismo modo. Con un coletazo!!

Las paredes del cañón por dónde serpenteaba el río por el que navegaban los dos dinosaurios cada vez se hacían más altas y más estrechas. Por fin el Tiranosaurio-Rex había alcanzado el río y desde una considerable altura comenzó a gritar:

– Eh! Chicoooooooos!- El Tiranosaurio-Rex gritó con todas sus fuerzas.

El ruido de la corriente ahogaba sus palabras. Entonces, tuvo una idea. Con su fuerte cola golpeó una roca que cayó justo al lado de la balsa, provocando un gran sobresalto a nuestros dos dinosaurios, que quedaron empapados. Los dos, a la vez, alzaron sus cabezas y vieron al Tiranosaurio al borde de la pared del cañón.

– Eh! Chicos!- Volvió a gritar el T-Rex, mientras corría siguiendo la dirección del río.

Cogiendo aire volvió a gritar hasta ponerse rojo como un tomate.

–  Eeehhh! Chicoooooooos! Catarataaaaaaaas!- El T-Rex gritaba y señalaba con sus pequeños brazos.

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– Oh, oh – Hugo sabía lo que era un catarata y el peligro que suponía. Abrazó a Sauri con fuerza y la acercó todo lo que pudo a su cuerpo.

– ¿Qué ocurre Hugo?- Preguntó Sauri muy nerviosa.

– Tenemos que alcanzar la orilla, Sauri- Le dijo el Braquiosaurio inmediatamente. Y a la vez, comenzaron a remar.

No te pierdas la continuación de las aventuras de Hugo y Sauri. Porque cada vez está más emocionante!!!

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